
EMOTIVO. “Hoy estoy acá, 26 años después para preguntarle a los responsables de esta barbarie si se animan a mirarme cara a cara y a los ojos y decirme dónde están mis padres, Alicia y Damián”, preguntó Juan Cabandié en el conmovedor discurso que dio en la ESMA el 24 de marzo de 2004.
Cuando el 26 de enero de 2004 las
Abuelas de Plaza de Mayo le confirmaron que era hijo de un matrimonio de
detenidos desaparecidos durante la última dictadura militar,
Juan
Cabandié, hasta ese momento "Mariano Andrés", intentó encontrar
respuestas a miles de preguntas. ¿Por qué si todos los bebés nacen en un
hospital o en una casa a él le tocó nacer en el centro clandestino de
detención que se había instalado en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA),
rodeado de gritos desgarradores de dolor, de sangre y de tortura? ¿Por qué a
los 22 días de nacer fue separado de su madre, Alicia Alfonsín, y de su
padre, Damián Abel Cabandié? ¿Por qué quien dijo ser su papá durante más de
veintiséis años resultó ser, ni más ni menos, que el ladrón de su identidad?
Pasaron más de tres años y Juan todavía no encontró explicaciones. Pero
desde que conoció la verdad, el panorama dio un giro sustancial. Frente a
una multitud y al ex presidente Néstor Kirchner, el 24 de marzo de 2004 tuvo
el orgullo de anunciar en un emotivo discurso que el lugar de su nacimiento,
finalmente, se convertiría en un Museo de la Memoria. Su "apropiador" Luis
Falco, ex agente de inteligencia de la Policía Federal, ahora enfrenta un
juicio por robo de bebés. El prefecto Héctor Febres, quien le anunció a su
madre que iban a "trasladarla" fue encontrado muerto por envenenamiento con
cianuro en la celda en la que estaba
cómodamente detenido en la base de la Prefectura en Tigre, cuatro días
antes de ser condenado.
La historia de Juan fue hecha canción por León Gieco, representada (por el
actor Mariano Torre) en el segundo capítulo de "Televisión por la
Identidad", programa que acaba de ganar el
Premio Clarín Espectáculos como mejor Ficción Unitaria. Además, Cabandié
fundó Generación por la Emancipación Nacional (GEN), un espacio de
militancia barrial integrado por jóvenes porteños y bonaerenses y
agrupaciones de la Universidad de Buenos Aires que se reúnen periódicamente
para desarrollar diversos tipos de trabajos socio-antropológicos. Y desde
hace menos de un mes, paralelamente, ocupa la banca en la legislatura
porteña que le cedió el ex ministro de Salud y actual embajador en Chile,
Ginés González García, por el partido Frente para la Victoria.
-¿Qué pensaste cuando recibiste la estatuilla de los premios Clarín?
Estaba muy emocionado y pensaba en lo importante que es que la
televisión produzca contenidos que no sólo tengan como función el
entretenimiento, sino también que puedan hacer reflexionar a la sociedad,
educarla. Quedó demostrado, con el alto rating, el interés de la
audiencia y eso me llenó de alegría.
-¿Cómo te sentiste colaborando con el guión?
La seriedad con la que se trabajó requirió un tiempo extenso de
elaboración. Estuvimos trabajando la historia con los guionistas, desde
2006. Yo quedé muy contento porque el resultado final fue acorde a las
expectativas que tenía. Y me ayudó muchísimo a superar la angustia. Me
parece que, además, es una herramienta para que la sociedad también entienda
lo que sucedió realmente durante la última dictadura militar.
- ¿Por qué creés que ahora se puede emitir un programa de estas
características en la televisión abierta?
Tiene que ver con un proceso regional lógico después de una etapa
tan trágica y de muchas pérdidas: de valores, de identidad, del sentido
patriótico, de recursos. Empezamos a mirarnos, a valorarnos, a estimar
nuestra cultura y nuestra identidad, a entender que los que ejercieron poder
sobre nuestro país tienen que empezar a ocuparse de sus propias naciones.
- ¿Temés que se corra el foco de atención sobre los Derechos Humanos
si cambia el Gobierno de turno?
A mí me parece que los cambios políticos conllevan cambios
culturales concretados por el mismo pueblo, entonces, no creo que se pueda
volver atrás. Es una batalla conquistada por la sociedad, que repudia a los
represores. También por la Justicia, que de forma muy tardía empezó a
encarcelar a los responsables del genocidio. Las instituciones comenzaron a
hacer hincapié en la educación de los Derechos Humanos. No se puede volver a
atrás.
-¿Cuáles son tus proyectos como legislador?
Yo presido la Comisión de Derechos Humanos y trabajo en la Comisión
de la Vivienda. Uno de mis objetivos es continuar profundizando el trabajo
realizado con los centros clandestinos de detención, con el Parque de la
Memoria. Además entiendo que existen derechos sociales con los que hay que
trabajar. Como por ejemplo, las dificultades habitacionales que hay en la
ciudad. Tenemos que entender que un tercio de la población porteña tiene
conflictos con ese tema, viven en villas miserias , en hoteles, en casas
tomadas y también están los que alquilan y no pueden acceder a un crédito
para comprar.
- Formás parte de una nueva generación que ingresa en la política,
que provoca una expectativa de cambio ante la sociedad. Pero seguramente
cuando entraste habrás visto corrupción, oportunistas, ¿cómo convivís con
eso?
Como generación tenemos que echar a los mercaderes del templo,
hacer un país más justo, más soberano. Naturalmente, en cualquier sector
social uno no puede coincidir con todos. Se trata de pensar en un país con
inclusión social, con un tipo de cambio que fomente la industrialización,
que la renta y los impuestos a las importaciones puedan generar obras
públicas y en eso, a pesar, de las cosas que pueden gustar más o menos,
tenemos que marcar ese rumbo.
- ¿Participás de algún proyecto de los que se están por realizar en
la ESMA?
Con Abuelas propusimos que uno de los edificios sea considerado un
centro de estudios para la identidad cultural.
-¿Cómo te hizo sentir lo que pasó con Héctor Febres?
Lo veo como un hecho preocupante y lamentable, tanto que lo hayan
envenenado como que él mismo se haya envenenado. Faltaban pocas horas para
su condena y él había manifestado que iba a decir cosas que se llevó a la
tumba. Expresó que no iba a caer solo, iban a caer otros jefes. Esto es
producto de una banda de mafiosos y delincuentes. Lo comparo con el caso de
Julio López, en el que Miguel Osvaldo Etchecolatz tiene mucho que ver. Son
tipos oscuros, nefastos, que tienen apoyo de un pequeñísimo grupo social que
convive con nosotros como Cecilia Pando y su marido. Pero tenemos claro que
este accionar peligroso de estos sectores no nos va a hacer retroceder un
centímetro de nuestro pedido de justicia, verdad y memoria. Somos
automáticos a nuestras convicciones para seguir reclamando.
- ¿Y qué opinás sobre el trato diferencial que recibió durante su
estadía en la cárcel?
Abuelas hizo un pedido para que todos los represores estén en cárceles
comunes y al cuidado de fuerzas que no pertenezcan a donde ellos iniciaron
su carrera y su nefasta experiencia de terrorismo de Estado.
- Cómo víctima, ¿que seguís esperando?
Yo espero que la Justicia argentina sea justa y eso no es una
redundancia. En la medida en que la Justicia no es rápida, no existe.
Tenemos que hacer una serie de modificaciones importantes en el Código
Procesal Penal. No puede existir más la instancia de la presentación de
recursos acusatorios por medio escrito porque le da la posibilidad a la
defensa de retrasar el proceso. Eso es una exigencia porque nos perjudica
muchísimo. Todas las causas tienen que hacerse bajo los tiempos prudentes.
Fuente: Clarín