CULPA DE LOS MUERTOS

PREFACIO
Anatomía del poder.________________________________
Cuando llegué estaba todo revuelto. Los libros tenían las hojas arrancadas, una
lámina de anatomía del cuello estaba hecha pedazos en el piso, los armarios con
los cajones abiertos, las camas sin las sábanas, todo estaba deshecho y
destrozado. Yo no sabía nada; puedo jurar aunque te causaría risa, ¿quién puede
creer en el juramento de un ateo?, son palabras vacías. Ya sabemos que el mejor
modo de librarnos de pensar consiste en creer todo o dudar de todo. Me senté en
el colchón de Ingrid, me tomé la cabeza con fuerza y me puse a babear
llorisqueando. No entendía nada. Se había consumado lo que se hablaba, aquí y
allá.
Yo nada sabía en Argentina. Tú nada sabías porque eras no-nato. Nosotros nada
sabíamos del poder y las ideas. ¿Vosotros sabíais?
Ellos sabían todo acerca del “arte de la guerra”.
¿Yo? Nada. Nada sabíamos de lo que pasaba en este país que hicimos amontonando
oro sobre mugre desde los tiempos de Cornelio Saavedra. Militares militantes,
muchacho. Los milicos de porquería. Qué maldigo: milicos y no milicos entre la
polvareda de la pólvora, siglo veinte cambalache el que no llora no mama y el
que llora termina en la ESMA: Escuela Superior de Mecánica de la Armada, ¿qué
tenían que hacer los pendejos y las chicas amontonados como ratas en una Escuela
de Mecánica de la Armada? Cantar. El cantar de los cantares de los hombres y
otros nombres para ir sumando a la cadena de ortivas forzados a los que
arrancaban pensamientos con picanas usadas por honorables médicos al servicio de
la cruzada militar. Se olía la presencia de la porquería pero no se podía ver
nada, estábamos en la niebla del Riachuelo, ciegos como don Edipo; todos
sentíamos los signos de lo que pasaba afuera pero nadie quería ver, preferíamos
hacernos los cegatos, total, que en esta provincia retrasada no pasaba nada;
¿quién pensaba en Corrientes, con gente tan católica y conservadora? Lo de
afuera eran… habladurías, lo de Tucumán eran pendejadas de los zurdos que
vinieron con el viejo demenciado y después terminaron a balazos en Ezeiza. Perón
ya no era Perón cuando vino de España, era Juan Domingo demencia senil: un pobre
anciano manipulado por su debilidad, idolatrado por la izquierda y la derecha,
arrinconado por la mafia de la masa, pobre espejo de nuestra sociedad dividida
por odios.
¿Por qué tenía tanta fuerza?
Los mitos se alimentan de distancia y ausencias como el amor; la imagen de ese
hombre se hizo tan poderosa que se lo creyó omnipotente. El buen dios Perón hizo
mucho por gente que estaba abandonada, se opuso a los poderosos con el poder de
su persuasión sobre los pobres de la tierra rica. Pero allá en España encerrado
tras la Puerta de Hierro con un cadáver reverenciado, el brujo y la bataclana,
perdió la brújula. Se fue al mazo y no se dio cuenta de nada en la nebulosa en
la que veía al país detrás de la bruma del tiempo. Seguía mirando la Argentina
de los 40 en la entrada de los 70. Si es peligroso saber todo, es más peligroso
ignorar todo.
Ustedes nada sabían ¿Cómo es posible?
Se sabían cosas sueltas porque la información estaba controlada. Los doctores
Mariano y Bernardo, teólogos de la causa perdida, se ponían circunspectos para
hablar de verdaderos dramones que sacudían al país: una familia que perdió un
hijo, los hermanos parricidas, el Mundial de Fútbol que organizaron las FFAA y
las autopistas que se construían. Todo se llenó de slogans. “Los argentinos
somos derechos y humanos”.
Lo demás eran cosas que convendría no haber sabido porque no dejaban vivir en
paz a nuestra sociedad. La realidad que es tan sólida, se sostiene en ilusiones
que son humo. Esta vez era humo de pólvora. Volaban cuarteles, automóviles,
cadáveres y yo sigo vivo y no puedo. ¿Por qué yo? ¿Has visto que la naturaleza
se equivoca, que debería haberme liquidado?
¿No quiere vivir más?
Hace falta vivir menos, ya estoy muerto de pies a cabeza. La injusticia en un
rincón amenaza la justicia del palacio y siento que mi cobardía ametralló el
resto de vida que me dejaron. Quería matarme por imbécil. El compadre Darwin ya
nos dijo: “los que no sirven, al fondo a la derecha, a llorar a la cruz mayor”
porque la madre naturaleza necesita gente lúcida y fuerte para sobrevivir. Qué
le importan a la hija de puta los debilitados congénitos como yo, ella quiere
gimnastas con mentes financieras que construyan paraísos fiscales, genios de la
Fundación Mediterráneo que destruyan en dos años un país hecho con las manos de
nuestros viejos en dos siglos. Liquidación total de saldos y la gentecita que
desaparezca, ¡no sirven para mierda! La mamá naturaleza le da la teta a los
bichos más aptos y a los demás una patadita en el orto y a morirse de hambre o
lo que sea: sida, tuberculosis, garrapatas, cualquier cosa; con tal de
sacárselos de encima. Ya estoy llorando de nuevo el tango. Los argentinos
estamos condenados a llorar un tango interminable: “Lastima, bandoneón, / mi
corazón, / tu ronca maldición maleva, / tu lágrima de ron me lleva hacia el
hondo bajo fondo / donde el barro se subleva; / la vida es una herida absurda, /
yo sé que te lastimo / llorando mi sermón de vino”. ¿Qué es la conciencia,
muchacho obstinado? Un pozo hondo donde van a parar los desperdicios que dejó la
historia, la papelera de reciclaje del pasado. ¿Te acordás de esas pelotudeces?
“La Historia es la ciencia de recuperar el pasado”.
No. La historia es el instrumento que usan los politicastros para justificar sus
errores.
A veces, me olvido que estás ahí y con vos los signos de la vida a la que me
siento unido como si fuese mi placenta.
Éramos ingenuos jugando con fuego pero, ¿qué mal se puede hacer pensando?
Creímos que el pensamiento estaba libre de obligaciones; Ingrid venía del Chaco,
Loisa de Formosa, el César, de no sé qué pueblo de Santa Fe, Juanca de Oberá,
Misiones.
Pero en Buenos Aires se sabía que un Ford Falcon verde….
Ése es el problema del país: en Buenos Aires saben todo y no hacen nada, en el
interior no sabemos nada y hacemos todo lo que podemos. Pero no se puede hacer
mucho sin saber nada. La vida se lee hacia atrás pero se escribe hacia adelante.
¿Quién empezó ese… juego?
¿Juego? Una persona verdaderamente libre tiene la obligación de obedecer las
leyes justas y desacatar las injustas. No sé si las monjas me explicaron bien,
pero siempre entendí eso. A mí me criaron monjas levantiscas que me enseñaron un
catecismo al revés en el que gobernaba más el azar que Dios a quien la Superiora
llamaba “El Fantasma”. Creo que todo empezó con Loisa, cuando trajo un libro de
Proudhon sobre la propiedad privada. Leíamos un tema del programa de Anatomía
Topográfica y Funcional, invariablemente aburrido, árido; todo para memorizar y
éramos amnésicos de alma: “músculos del antebrazo”, ¿te imaginás? Doscientos
treinta y seis músculos que van de tal hueso a tal epífisis, se insertan en la
cara externa de la apófisis cubital, se cruzan con esa arteria, con la otra
vena, con el nervio radial. Juanca leía estos asuntos de la propiedad privada y
los señores feudales. Nunca nadie nos había hablado de estas cosas; hasta
entonces creíamos que Jehová había parcelado la tierra “para el señor Romero
Feris de aquí hasta allá; para el señor Meabe de allá hasta acá; para el doctor
Leconte, desde San Cosme hasta Loreto”. Y los señores Leconte y Romeros Feris,
cenando con el gobernador militar que pusieron en la provincia, que para colmo
era dipsómano; pero los señores podían hacer la vista gorda, total que bajo la
mesa seguían moviendo el títere y en Corrientes “cada chancho con su teta[1]”.
En toda Latinoamérica los terratenientes manejaron la guillotina para cortar la
cabeza de los que se levantaban más allá de lo permitido. Es el sistema.
Entonces estamos fritos, mi querido niño bien. A nosotros nos cagó un pobretón;
Perón viene de una familia del sur cagada de hambre y de frío; Perón no era
terrateniente. Este quilombo de violencia empezó cuando el viejo nos dejó a la
frenasténica y el rosacruz en el gobierno. La Escuela Basilio de los médiums,
¿te podés imaginar algo más cutre que una presidenta y un ministro espiritistas?
Ella firmó el decreto ordenando a los carniceros afilar los cuchillos, Agop.
¿Qué no iba a firmar semejante descerebrada? Pero esos decretos fueron
refrendados por Rucauf hoy insigne demócrata, el doctor Cafiero, Luder y López
Rega que cargó todo el resentimiento de haber sido un desclasado de la Policía
Federal en la tinta del odio colectivo.
Antes estuvo Frondizi y lo echaron a patadas del gobierno para entregarle el
poder a Onganía que enseñó a los bastonazos la verdadera disciplina militar,
desmanteló la universidad y se libró de la molestia intelectual que había
carcomido el gobierno de Frondizi. Dicen que el reflejo primitivo enseña a los
animales a evitar el peligro, Onganía lo aprendió. Nosotros no aprendimos.
Nuestros iluminados librepensadores tampoco aprendieron, siguieron machacando a
cuanto gobierno civil llegaba al gobierno.
Leíamos a Fourier, después algunas ideas de los economistas liberales; queríamos
entender esa realidad sólida parada sobre nubes de ideas. De vuelta a la
histología del hígado, con las células rodeando un conducto para formar el
lobulillo. De tarde, a la morgue a ver cadáveres y preparados histológicos en el
microscopio. Era prodigioso ver los órganos y materias de las que estamos hechos
en cada sesión de anatomía y después bajo el microscopio ese universo del cuerpo
parte a parte.
Al caminar las treinta cuadras desde el centro de la citá dolente de Corrientes
hasta la morgue hicimos la famosa división de trabajo; en el camino Ingrid nos
contaba lo que había leído de Marx, yo agregaba algunas comparaciones para
desarmar el mapa de Jehová y Loisa nos hablaba de la repartija en Formosa, los
caudillos dueños-de-todo y los padrinos de hoy Gildo y Floro a la cabeza y a los
diez, quiniela completa.
Lo de Camila también empezó como un juego. Mi única hermana viva que se olvidaba
de todo menos de parir un hijo cada año me dejaba a Camila los sábados, a mamá
le dejaba Rodrigo, a doña Helena le encomendaba Matías y a la pobre solterona de
tía Deseo le dejaba Lucía, que era la más complicada porque si no se estaba
asfixiando de asma, le salían salpullidos, erupciones, lo que sea. La nena
sacaba el rencor en la piel para repeler todo lo que se chupaba de un padre tan
obsesivo.
Mi hermana repartía hijos los sábados para no suicidarse los domingos y a mí
invariablemente me tocaba Camila. Con Camila la cosa era calma, convivíamos como
esas parejas que llevan años cada cual mirando con paciencia las manías del
otro. Me pedía historias y yo tenía que exhumar unos papeles andrajosos en los
que había escrito delirios de una época en la que estuve internado unos meses
con alguna forma de encefalitis que no me mató pero me dejó tal cual: un orate
que ni siquiera sabía dónde tenía el pene para orinar. Me daban de comer, no
comprendía dónde estaba ni reconocía a nadie, pero escribía cosas extrañas; los
médicos le decían a tía Genoveva y a mi madre, que no entendían cómo era
posible. Yo tenía –me lo juraba tía Genoveva que como es católica militante
nunca miente- todo el aspecto que confiere la idiocia a sus elegidos, era un
estúpido amanuense que no sabía pedir un orinal pero escribía textos
extravagantes que nadie descifraba.
A medida que Camila me pedía historias antes de dormirse trataba de recomponer
esas pesadillas llenas de personajes insólitos intentando darle coherencia para
no terminar confundiendo a mi sobrina de nueve años; la misma que se dormía
escuchando cómo mi corazón seguía latiendo normalmente a pesar de haber
terminado de leer el trayecto de la arteria carótida ascendente y todas las
ramas que va dejando en el trayecto como mi hermana reparte hijos: tiroidea,
lingual, faríngea ascendente, occipital, parotídea. Todavía me acuerdo de la
ristra aunque jamás me haya servido para un carajo.
¿Leerle pesadillas a esa edad?
Vivimos una pesadilla que nos enseñaron a ver como sueño querido Agop; en vez de
logaritmos deberían enseñarnos algunas cosas que hacían estos espectros de la
encefalitis y no funciones aritméticas que nunca en la vida me sirvieron de
nada… ¿alguna vez aplicaste la raíz cuadrada, Agop? ¡Y nos lleva meses aprender
todas esas operaciones facinerosas! Pero la vida y la muerte entran en nuestras
vidas nos guste o nos disguste; si los echás por la puerta, entran por la
ventana. Podríamos vivir felices sin saber resolver ecuaciones con una incógnita
pero pagué con la vida de mis amigos ignorar la incógnita de una revolución,
Agop. Por eso digo que soy culpable.
-¿Cómo te metiste en esto, tío?
-¿Qué lío, Camila?
-Mamá me dijo que te corría la policía, que eras medio idiota y te metías en
líos y después ella tenía que salvarte.
-¿Eso dijo tu mamá?
-Todos dicen lo mismo. Tío Ernesto, tía Ángela, tío José.
-Entonces debe ser verdad, Camilita. La opinión de la mayoría es la verdad en la
democracia.
-¿Entonces, te metiste en líos?
-Mi vida siempre fue un lío, queridita. Cuando nací no me entregaron el manual
de instrucciones y la gente no hizo más que embrollarme explicándome
disciplinas, ejercicios, criterios y pautas.
En el fondo, creo que me contaba a mí mismo el disparate que significa otorgar
poder y lo de Camila era un pretexto. El poder; si lo sabés te acorrala, si no
lo sabés, te aplasta el día menos pensado. Se fue el humo de la revolución y al
disiparse comprobamos que únicamente se cambiaron los empleados administrativos,
mi tierno muchacho. Quedó una cáscara de Estado con democracia formal y ¿qué
más? ¿Adónde está el pueblo que gobierna a través de sus representantes? ¿A
quiénes representan esos representantes? ¿Dónde está la res-pública? ¿En la
cáscara del himno y en la escarapela del 25 de Mayo? Adentro está el poder que
asesinó gente y después se lavó las manos en la jofaina de don Poncio. Hic est
enim cálix sánguinis mei qui pro nobis et pro multis effendétur in remissiónem
peccatórum.[2]
Estrené mis 20 años llorando en capillas ardientes que sólo estaban en mi
conciencia: los cadáveres de mis amigos jamás aparecieron. Si voy a morir tengo
el deber de mejorar lo que me dieron en herencia. La conciencia es el único
testamento que nos queda después que Moisés rompió las Tablas de Dios.
Estás haciendo espiritismo, Agop. Hablar con los muertos está prohibido por el
señor Jehová; si no, mirá lo que pasó con el rey Saúl por transar con la bruja
de En-dor. ¿Querés seguir escuchando?
Empiezo a ser su amigo y más que su amigo, doctor.
No se puede ser más que un amigo. Yo querría evitarte todo esto, en realidad ya
no me importa nada porque las celulitas con forma de panal me están tragando
vivo. Esa anarquía se llama cáncer pero es un detalle al lado del remordimiento
que se enrosca como una serpiente vuelta a vuelta desde esas noches malditas.
Escuchá a Goyneche: “Y hoy que no vale mi vida ni este pucho del cigarro, recién
sé que son de barro el desprecio y el rencor”. Y vivir asfixiándose como Lucía
es triste. Ella al menos podrá culpar a su papaíto tanta opresión y un día lo
mandará al carajo. Yo no puedo gritar a mis padres la represión. Mis tres padres
supremos de esa Junta de Comandantes no dan la cara. Videla se pasó aplastando
el culo en los reclinatorios de la Catedral Metropolitana. Massera es el más
siniestro, desde esa mirada entre cuévanos bajo las matosas cejas ya nos dice lo
que piensa de la violencia. Del otro ni me acuerdo, habrá sido el peor “Y
perdónanos nuestras dudas”.
Et dímite nobis debitóribus nostris….
(Prefacio de la novela "Culpa de los muertos", de Alejandro Maciel, editada en
España, por Edit. Rubeo, Barcelona, 2007.
Hay una reciente versión teatral que está en vías de puesta en escena con Grisel
Figueredo y Juan Manuel Romero. El texto de la obra teatral se puede leer en:
http://culpademuertos.blog.terra.com.ar
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